El primer sensor de pozo ("borehole") conectado en tiempo real del país ha sido colocado en el Jardín Botánico Lankester. Se trata de un equipo acelerográfico que posee un sensor ubicado a 30 m de profundidad y de otro en la superficie. Ambos sensores están conectados a un digitalizador que envía los datos segundo a segundo a un servidor en San Pedro. Ahí la información de procesa y despliega cada 5 minutos de manera automática.

Este tipo de sensores de pozo tiene varias ventajas, entre ellas:


-El registro que se obtiene está por lo general libre de vibraciones producidas en superficie, por lo que se registran directamente los sismos y microtémores. Estos últimos provienen de fuentes lejanas al sitio (tránsito vehicular, oleaje, viento), por lo que contienen información valiosa de las capas superficiales del suelo.


-Usualmente se colocan a varios metros de profundidad (en el caso del JBL, el sensor se colocó a 30 m bajo la superficie), por lo que suele alcanzarse un nivel de roca o suelo competente, libre de efectos de amplificación.


-Identificación del comportamiento dinámico del suelo a partir del cálculo de la función de transferencia en tiempo real. Esto permite identificar los principales modos de vibración del sitio.

-Los registros obtenidos en profundidad son de gran utilidad para estudios como: atenuación de las ondas sísmicas, localización de eventos, obtención de registros en condición de roca, etc.

Más información en www.lis.ucr.ac.cr y www.pozos.lis.ucr.ac.cr.