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La dimensión del daño que puede ocasionar un sismo sobre una casa o edificio depende de las características del movimiento mismo, de los rasgos de la construcción y de la respuesta del terreno. La combinación de estos tres elementos determina el peligro que corren las estructuras levantadas por el hombre.   

 

Normalmente, para caracterizar un sismo se utiliza un parámetro llamado magnitud, el cual está asociado con la energía liberada por el fenómeno. La magnitud de un sismo no depende del lugar donde se tome la medición, es más bien una constante asociada con el mismo.  

 

Sin embargo, esta medición es poco útil si lo que lo que se pretende es relacionar las características de un sismo con posibles daños a estructuras, pues se sabe que la sacudida se manifiesta de manera diferente dependiendo del sitio donde sea percibido. Un mejor parámetro que se puede utilizar para este propósito es la intensidad. La intensidad sí depende del lugar donde se tomen las mediciones y se refiere principalmente a la fuerza del movimiento del terreno. Para evaluar la intensidad, lo más común es utilizar instrumentos llamados acelerógrafos, que evidentemente miden la aceleración del terreno durante un sismo y por consiguiente también de las estructuras que se apoyan sobre él. 

 

De cualquier curso básico de Física, se sabe que la fuerza ejercida sobre un objeto es igual a la masa del mismo multiplicada por la aceleración a la que se ve sometido. Por consiguiente, si la aceleración durante un sismo es alta, también lo será la fuerza adicional sobre una casa o edificio.  Un diseño deficiente de estructuras, hecho sin tomar en cuenta estas fuerzas adicionales y los riesgos sísmicos de una zona específica, puede ser causante de una alta vulnerabilidad. Las edificaciones pobremente diseñadas probablemente sufrirán daños importantes durante sismos fuertes.  Sin embargo, aunque se cuente con un buen diseño, si este no fue seguido adecuadamente durante el levantamiento de la obra o si las técnicas constructivas utilizadas no fueron adecuadas, la construcción también puede estar en peligro de sufrir daños o colapso durante un terremoto.

 

No sólo la dimensión de las aceleraciones puede influir en la cantidad de daños a casas o edificios.  La frecuencia de las ondas de aceleración también puede ser determinante en este aspecto. Todas las construcciones poseen una frecuencia natural de oscilación.  El problema es que si la frecuencia de las ondas de aceleración es similar a la frecuencia natural, las casas y edificios pueden sufrir daños muy severos. Normalmente, las construcciones pequeñas poseen una frecuencia natural alta. Como consecuencia, son más vulnerables a sismos que se hayan originado cerca debido a que éstos se asocian con ondas sísmicas de alta frecuencia. Por otro lado, los edificios altos poseen frecuencias naturales bajas.  Por consiguiente son más vulnerables a sismos que se hayan originado lejos debido a que éstos se asocian con ondas sísmicas de baja frecuencia. 

 

También la respuesta del terreno durante los sismos puede ser trascendental en los daños a las construcciones que se encuentran sobre él. Durante los movimientos, se pueden dar deslizamientos de terreno, agrietamientos del suelo, licuación y asentamientos que son capaces de generar deterioros importantes o incluso el colapso total de las estructuras.  Cabe recordar lo sucedido en el 2001, en Santa Tecla, El Salvador. Allí se dio un desprendimiento de tierra de un cerro, lo que sepultó numerosas viviendas y dejó como saldo cientos de personas fallecidas.

 


Figura 1.

La fotografía muestra el colapso del Hotel Internacional, en Limón, producto del terremoto de 1991.

 

Estructuras de adobe.

 

Durante la colonia, los españoles difundieron en América Latina la utilización de adobe para la construcción de viviendas. Aunque son pocas las estructuras de este tipo que existen actualmente en Costa Rica, en algunos países de América Latina aún son muy comunes. 

 

El adobe se hace combinando arcilla y  arena con agua para producir una mezcla pastosa a la que se le puede dar la figura deseada, generalmente en forma de ladrillos. Seguidamente se deja secando hasta que el material se endurece, para luego ser colocado en la construcción. En algunos casos se utiliza también paja para dar rigidez y evitar que se raje al secarse.

 

El problema de utilizar adobe para la construcción es que las paredes hechas de este material no son capaces de soportar fuerzas laterales.  Desafortunadamente, estas fuerzas son muy comunes durante los sismos, por lo que las estructuras de adobe pueden presentar serios daños como agrietamientos e incluso pueden colapsar.

 


Figura 2.

En la fotografía se muestran los efectos del terremoto de Alajuela sobre una vivienda de adobe en el centro de esa ciudad. Nótese el agrietamiento en las paredes de la construcción.